Los bares, los cafés, las bebidas, el cigarrillo. Todos compañeros silenciosos de los escritores y los artistas. Las reuniones en diferentes bares públicos para charlar de literatura, de proyectos tan utópicos que más de una vez terminaron cumpliéndose como presagios del destino, como la suerte que se lee en la borra del café, como la distancia que divide la mesa de la cerveza sobre la barra. Sin embargo la vivencia no queda en el olvido ni siquiera en el recuerdo, sino que trasvestida de palabra se manifiesta con auténtica personalidad en el arte de la literatura.
Julio Cortázar (Rayuela) 
-¿Cómo vas a hacer el café en la oscuridad?
-No sé- dijo la Maga, removiendo unas tazas-. Antes había un poco de luz.
-Encendé, Ronald-dijo Oliveira-. Está ahí debajo de tu silla. Tenés que hacer girar la pantalla, es el sistema clásico.
-Todo esto es idiota - dijo Ronald, sin que nadie supiera si se refería a la manera de encender la lámpara. La luz se llevó las esferas violetas, y a Oliveira le empezó a gustar más el cigarrillo. Ahora se estaba realmente bien, hacía calor, iban a tomar café.
-Acércate aquí - le dijo Oliveira a Ronald. Vas a estar mejor que en esa silla, tiene una especie de pico en el medio que se clava en el culo. Wong la incluiría en su colección pekinesa, estoy seguro.
-Estoy muy bien aquí - dijo Ronald - aunque se preste a malentendidos.
-Estás muy mal. Vení. Y a ver si ese café marcha de una vez.
-Qué machito está esta noche -dijo Babs-. ¿Siempre es así con vos?
-Casi siempre -dijo la Maga sin mirarlo-.
Ayúdame a secar esta bandeja. Oliveira esperó a que Babs iniciara los imaginables comentarios sobre la tarea de hacer café, y cuando Ronald le bajó la silla y se puso a lo sastre cerca de él, le dijo unas palabras al oído. Escuchándolos, Gregorovius intervenía en la conversación sobre el café, y la réplica de Ronald se perdió en el elogio del moka y la decadencia del arte de prepararlo. Después Ronald volvió a subirse a su silla a tiempo de tomar la taza que le alcanzaba la Maga. Empezaron a golpear suavemente en el cielo raso, dos, tres veces. Gregorovius se estremeció y tragó el café de golpe.
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martes, 3 de abril de 2007
El café en la literatura
Publicado por
VALE N TINO
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5:40
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