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sábado, 2 de junio de 2007

La versión femenina de Drácula: Erzébeth Báthory

Erzebeth procede nada menos que de la influyente y poderosa familia Bathory, magnates polacos que en 1575 se alzan hasta el trono de Polonia con el rey Esteban I Bathory (1533-1586), emparentado con la dinastía real polaca de los Jagellon gracias a su matrimonio con la princesa Ana de Polonia en 1576, siendo nada menos que cuñado del rey Juan III de Suecia y del Elector Joaquín II de Brandenburgo.

Erzebeth es la sobrina del rey Esteban I de Polonia, sobran explicaciones para dar a entender que dicha unión beneficiaba al conde Ferencz Nadasky en muchos sentidos. Como buena consorte, le ha dado hijos suficientes como para asegurar la supervivencia de su linaje, aunque, ya cumplida su tarea de progenitora, se desentienda totalmente de sus retoños que no hacen más que estorbarla. Es además una mujer tan bella como insensible... Vive rodeada de criaturas tullidas y repulsivas que forman su servicio personal, además de servirle de "marco" ideal para hacer resaltar su hermosura entre tanta fealdad: Ficzko, su enano cruel y malvado, Lliona, una jorobada entrometida y Dorko, cuya fealdad iba a la par con sus dones... era una bruja en el más puro sentido de la palabra. Se deleitaba mirándolos, ella tan bella y perfecta. A sus 35 años aún era joven y tenía un aspecto envidiable... pero el paso de los años le atormentaban con sus consecuencias: la vejez, el marchitamiento de su fisico, los achaques... La sola idea de envejecer la enloquecía. Su crueldad alcanzaba entonces niveles alarmantes... Su marido la sorprendió punzando con un largo alfiler los senos de otra sirvienta desnuda, con regueros de sangre bajando por el vientre. Ante la extrañeza del conde, Erzebeth se limitó a sonreírle mientras le soltaba que la criada había contestado goseramente a sus preguntas. Por lo visto el conde no dió más importancia al cruel comportamiento de su mujer y, sin rechistar demasiado, se limitó a morirse repentinamente con sus 49 años cumplidos en 1604. Aquel año, la condesa viuda cumplía los 40 y su obsesión por combatir la decadencia fisica que le acechaba, la llevó a oír los consejos de sus tullidos sirvientes: la magia. Asesorada por su enano, su jorobada y su bruja, encontró la formula para conservar su belleza intacta: bañarse en sangre de muchachas adolescentes siguiendo un riguroso ritual.Se raptaron entonces niñas y muchachas del condado, gracias a la inconsciente complicidad de un párroco de aldea que proporcionaba sirvientas con la promesa de buenos salarios... Pronto las desapariciones se hicieron por docenas. Alertado por los rumores de que en el castillo de Csejthe se oían gritos desgarradores y llamadas de socorro, el párroco empezó a preocuparse por la suerte de sus muchachas. Tras investigar por su cuenta al infiltrarse en el castillo de Csejthe, descubrió horrorizado montones de huesos acinados en los subterráneos del castillo, decenas de cadáveres mutilados en descomposición, pero prefirió callar y negar la realidad, sin duda temeroso de las represalias de la condesa viuda. Teniendo en cuenta la relación clero/aristocracia en los albores del siglo XVII, no es de extrañar que el párroco echara tierra sobre sus descubrimientos, convirtiéndose en cómplice de aquellos abominables crímenes. La obsesión de Erzebeth Bathory por conservar su belleza, la llevó irremisiblemente al descontrol, multiplicando sus acciones delictivas... Ya no bastaba con degollar o quemar viva a una o dos sirvientas torpes, era necesario multiplicar el número de sacificios humanos para hacer más efectivos sus propósitos. Ordenaba raptar niñas y muchachas hasta en las aldeas más lejanas de sus tierras, metiéndolas en una jaula situada en uno de los torreones, donde eran degolladas. La sangre de aquellas pobres e inocentes victimas caía hasta el piso inferior donde la condesa organizaba su baño ritual. En un solo día hasta cuatro víctimas eran necesarias para borrar de su rostro la sombra de una arruga y la flacidez de su cuerpo. Pero sus fechorías pronto traspasaron los espesos muros del castillo, y llegaron a oídos del rey de Hungría en persona, Mateo II de Austria, quien era además emperador del Sacro Santo Imperio Romano Germánico. El asunto de los crímenes de Csejthe provocó un sonado escándalo en la corte imperial: se calculaba en 620 el número de víctimas cobradas por la Condesa viuda Nadasky, basándose en denuncias y rumores insistentes. El rey-emperador decidió entonces intervenir personalmente y sus emisarios, tras hacer pesquisas en el castillo de la condesa, descubrieron asombrados montones de osamentas, niñas mutiladas aún vivas y varios casos de canibalismo. El informe entregado impresionó tanto al rey-emperador Mateo II, que éste dispuso que se procesara a la condesa en Budapest. Las actas del proceso estuvieron trufadas de relatos y testimonios que helaban la sangre por las atrocidades descritas. La indignación, la rabia, la sed de venganza se apoderó del público, mientras los jueces oían desconcertados a los testigos y a los acusados. El veredicto, como de costumbre, fue más implacable con los sirvientes y acólitos de la condesa, que con ella: debió permanecer hasta su muerte prisionera de su propio castillo, en una habitación cerrada, donde lo único que la comunicaba con el exterior era un orificio por el que le pasaban comida y agua.

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