Centralizando el tema en los mundiales de fútbol, sólo hasta el torneo de 1966, el que organizó Inglaterra, los organizadores se inventaron el tema de la mascota, como símbolo del evento. Antes, como en Chile-62, Suecia-58, Suiza-54, Brasil-50 y Uruguay-30, en vez de mascotas, las copas del mundo se promocionaban a punta de logotipos o afiches.
El tema de la mascota tiene su cuento. A veces es un rubro que se maneja con presupuesto aparte y se lanza como punto central de la campaña publicitaria. Hoy en día la mascota se volvió tan comercial, que a su alrededor se mueven millones y millones de dólares y su imagen se vuelve tan popular que por sí sola identifica al país que organiza el mundial, sin necesidad de nombres, escudos o banderas. Razones más que suficientes para seleccionar una mascota que muestre la identidad auténtica de un país, un símbolo incuestionable, con base en un referéndum, concurso o plebiscito popular.
La mascota del Mundial de México, en 1970, fue la figura de un niño charrito con un sombrerote que le cubre media humanidad, pisando un balón, luciendo el uniforme del equipo mexicano y conocido mundialmente como Juanito, quien provocó algo de suerte, porque México alcanzó a clasificar a la segunda ronda.
Los alemanes, en medio de su seriedad y rigidez, también se la jugaron con un par de muñequitos, Tip Tap, para el Mundial de 1974. El significado de la pareja como que tenía relación con las dos Alemanias.
Llegamos a la Copa Mundo de 1978 que se jugó en Argentina. La graciosa mascota fue Gauchito Mundialito. Como su nombre lo indica, se trataba de un pequeño gaucho, equipado con todos los elementos que los distinguen: sombrero; pañuelo; látigo. Pintado hasta el balón con los colores de la albiceleste, no dejaba lugar a dudas de quién era su favorito en el mundial.
Para España-82, los publicistas españoles cambiaron el concepto de mascota-animal o mascota-niño, se inclinaron por el producto de mayor exportación de España y escogieron a Naranjito, jugando con la redondez de un balón. 


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