Transcribimos una parte del reportaje a Alberto Noé, un sociólogo profesor de la UBA, que se le hizo en Pensamiento Vivo.
Es muy interesante para entender un poco más la realidad actual de los jóvenes, en relación a la tecnología.
-¿Concretamente, cambió el mundo, la cultura?
Hoy en día cambia la cultura. Es una cultura de eterno tiempo presente. No hay proyecto de futuro, como los que teníamos nosotros. Nuestra generación tenía proyectos colectivos, sueños y esperanzas. Ahora no, lo de ahora es para hoy; mañana no se sabe. Es incierto todo. Entonces, los chicos hoy tienen una gran capacidad de uso de la tecnología, pero tienen un problema muy serio que entra en un proceso regresivo. Yo lo llamo proceso de “letramiento”. Esto quiere decir, gente que fue alfabetizada y que puede volverse analfabeta.
-¿Cuánto tiene que ver la familia? ¿Cómo deberían actuar los padres frente a esta nueva cultura tecnológica, si vale el término?
Todo tiene que ver con la casa, con la escuela, con la universidad. En la casa, usted les puede dar toda la tecnología posible a sus hijos, pero si no hay riqueza cultural, el chico va a tener mal desempeño en la escuela o en la universidad, por más que haga el esfuerzo que haga. Un viejo rabino de Praga, en el siglo XIV, decía que si usted entra en una tienda donde venden perfume, aunque no compre nada, probablemente saldrá perfumado. Entonces, si en su casa el chico ve libros, ve gente leyendo, escucha que hay discusiones y temas que se tratan, y que el tío o el abuelo cuentan historias, se va a impregnar de la cultura. Hay una especie de transfusión al inconsciente del chico. Pero si usted le da todo tecnología, le da computadora, le da televisión digital y le da todo servido, está delegando la socialización, que forma parte de la función o responsabilidad de la madre. La sociología clásica nos dice que la madre le va a introyectar (introyección: proceso de inconsciente que consiste en la internalización de representaciones psíquicas de objetos externos, bien sean odiados o amados) al niño las normas vigentes en la sociedad en la que está viviendo. O sea, le indica qué es lo que se puede y qué no se puede. Es decir, la madre es el agente socializador por excelencia. Luego va a transferir eso a la escuela y lo va a preparar para insertarse en la sociedad (digo sociedad porque me resisto a hablar de mercado). Además, ¿qué representa la figura del padre? Es la ley. La madre le tiene que introyectar al chico que el papá es la ley. En ese sentido, el padre no tiene que ser permisivo ni autoritario. Ni 8 ni 80, sino 40. Tiene que saber decir no y explicarles a sus hijos que la negativa no es una ocurrencia. No, porque las probabilidades de inseguridad son altas y, como te quiero mucho, debo preservarte. En fin, por eso no vas a tal o cual lugar.
-¿Qué pasa si la madre no cumple estos roles que usted describe?
He descrito una situación y ahora la voy a problematizar. Si la madre no socializa al hijo, los funcionalistas dirían que hay una disfunción. En ese caso, la madre estaría delegando y tercerizando (vamos a utilizar palabras del nuevo capitalismo de la tercera revolución científico-tecnológica) la socialización en la televisión y en internet y en toda la tecnología. Por ello, si a la noche se juntan todos a ver el programa de (Marcelo) Tineli, se “tinelizaron” todos. Entonces, es imposible que de ahí salga alguien que tenga un buen desempeño académico. No porque él no tenga, sino porque en la casa no hubo. ¡Cuidado, el gran problema aquí no es que la televisión tenga la culpa. Son los televidentes los que pueden seleccionar los programas!
-A modo de consejo, ¿qué puede decirles a los padres frente a hijos chicos o pequeños?
La socialización primaria, que llamamos nosotros, es cuando el niño o la niña nace, hasta los 6 años. Es el tiempo cuando se le transmite todas las normas, los valores, los usos. La madre no debe delegar en otro, porque a su hijo le va a faltar afecto. Hay casos en que se resuelve regalarle todo al hijo y en lugar de afecto hay un efecto compensatorio. En lugar de apoyarlo y decirle que será un buen alumno, que vaya adelante y que es inteligente, le compramos una computadora y le decimos estate allí. Es una madre que piensa que lo quiere mucho al hijo porque le regaló una computadora, y resulta que el niño, en su inconsciente, lo que quiere es un apoyo maternal. Sigmund Freud llegó porque desde los 6 años tenía una madre que le decía que era inteligente y que iba a ser un grande.
-Estamos cargando mucho en la madre. ¿Y el padre, cómo tiene que actuar?
Padre permisivo, padre ausente, padre que no es padre, padre que no es ley. Fíjese, la masacre de Cromagnón. Voy a tratar de analizarla supersintéticamente, como fenómeno sociológico. Nosotros, en nuestra época íbamos a bailar, y si alguno tenía hijos, era imposible ir a la velada con la criatura. En Cromagnón estaban las parejas y dejaban a los chiquitos en el baño y se iban a bailar. De nuevo aparece la tercerización, nada más que en el baño. ¡Mire qué lugar! Y murieron todos. Claro que debe existir responsabilidad en Chabán o en el grupo Callejeros, pero también hay responsabilidad de los otros, y eso no se dice. Y esos padres que salen a gritar, porque no hablan, sino gritan, y esto sin duda es un tema polémico. Pero hay que decirlo. Hay una diferencia entre el grito y la palabra. El que grita no se quiere hacer entender lo que quiere decir, sino que quiere imponerse autoritariamente. Creo que el que grita es por culpa, porque esas parejas jóvenes con hijos chicos que fueron a Cromagnón son hijos de familias en las que fueron educadas así, mercerizados
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viernes, 23 de noviembre de 2007
LA EDUCACIÓN
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VALE N TINO
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